jueves, 8 de marzo de 2012

El mito de la superioridad


Francisco Javier Chaín Revuelta
8 de Marzo de 2012

La esclavitud y subyugación que padecen las mujeres en esta especie de país sometido a la dictadura neoliberal no es rasgo eterno de la sociedad humana, sino que la raíz de tan cruel situación se sustenta en la opresión que  una miserable, mínima, cínica, voraz y corrupta clase ejerce sobre las otras.

Las décadas de investigación antropológica entre varias culturas desacreditan los mitos de rasgos "naturales" femeninos o masculinos, tales como la inherente superioridad del hombre o la pasividad natural de la mujer. Al documentar ejemplos históricos de civilizaciones en las que las relaciones igualitarias entre género eran la norma, ella proporciona pruebas concretas de que no sólo la igualdad de la mujer existía en sociedades anteriores, sino que es también posible en el futuro.

El entendimiento, la razón natural de las personas que tienen sano el cerebro, demuestra que el dominio universal machista es un mito, no un hecho, a pesar de la aseveración constantemente repetida que por motivos biológicos o socio-psicológicos la mujer siempre ha sido subordinada al hombre.

La cólera que pueda manifestar una mujer joven que combina la maternidad, con la vida profesional y con el activismo político, se refleja en un claro punto: los problemas principales de la joven mujer  provienen de las dificultades prácticas de concertar la logística de esos tres deberes, empeorados por los marginales ingresos que se asignan a las mujeres. Pero estos problemas no surgieron, como muchos escritos informan, del fracaso de no aceptarse a ella misma como mujer.

La experiencia de toda la vida de las actuales mujeres les ha hecho conscientes del estereotipo femenino de ser de alguna manera innatamente "pasiva". De niñas aceptan como natural el modo en que sus madres toman y manejan cualquier actividad que requería la situación. Y cuando crecen, aprenden sin saberlo que las mujeres toman decisiones acerca de hasta qué punto ellas desean acomodarse a los hombres y adoptar los modos socialmente aceptables (es decir, "pasivas") de conseguir las cosas.

Sin embargo, la importancia social de minimizar el ser "activo" no se le explica a las mujeres explícitamente, hasta que escuchan de sus compañeros en las escuelas y en la universidad hablar sobre las reglas para "conseguirse" a un hombre. A algunas no las persuaden, se van haciendo más conscientes de ellas mismas como rebeldes.

“Para las personas que carecen de previsión y planificación, de lógica y racionalidad, son inevitables la dependencia y la pasividad” En este tipo de formulaciones por parte de “pensadores” hay un claro mensaje social para ambos, para los de abajo y para los de arriba: Ignore la historia que demuestra lo contrario, y sepa que la gente que sufre opresión lo sufren porque ellos mismos no tienen ni la capacidad, ni la intención, ni el deseo de rebelarse. Pero esto no es así, las indicaciones del dominio machista resultan ser de  los efectos de la colonización y  participación en relaciones de mercado, del fenómeno de la desigualdad en una sociedad cínica y corrupta, donde los problemas derivan de conceptos y suposiciones de una mentirosa sociedad imaginaria que no deja respirar profundamente ni a la libertad ni a la igualdad.


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